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“En estos casos de crisis social, más que nunca, hace falta pedagogía”, Fran González, pedagogo.

Pedagogía jóvenes

La siguiente colaboración que mostramos a continuación es de Fran González, pedagogo, orientador y colaborador del Hub Educativo de Educando Seguro. 

El Estado de Alarma ha sido una verdadera prueba de fuego no solo para los adultos sino también para los adolescentes que se han visto, más que nunca, privados de libertad. Ha faltado comunicación, diálogo en la escuela y en la familia y, sobre todo, pedagogía para educar en valores que exalten la importancia de la salud en estos momentos más que las salidas en masa a celebrar el fin del Estado de Alarma sin respetar distancia de seguridad y sin mascarilla.

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¿Qué pasa con nuestros jóvenes tras el fin del estado  de alarma? ¿No saben que hay que seguir en alerta y mantener la distancia social? ¿Son conscientes  de los datos de la pandemia  y que ésta sigue activa?

Nos hacemos preguntas cuando hemos visto las botellonas de este pasado fin de semana tras la finalización del Estado  de alarma en muchas ciudades de España.

Hay que aceptar que los jóvenes, por ser menores, son más impulsivos, les falta la madurez de sopesar las consecuencias de sus actos. También hay que entender que su situación psicoevolutiva requiere  la relación entre iguales como elemento de desarrollo personal y sociocultural.

Por otra parte, da la impresión, por lo que vemos, que los adolescentes y jóvenes, no son conocedores de los datos de la pandemia;  sabemos  que la mayoría de los jóvenes no ven los telediarios, no escuchan programas informativos en la radio, no leen la prensa. Y lo más grave quizá sea que tampoco  en el ámbito familiar, en muchos hogares, no se habla con ellos de la situación; en esto que cada familia debería analizar su estilo y nivel de comunicación en casa.

En estos casos de crisis social, más que nunca, hace falta pedagogía

A los adultos nos resulta difícil entender y hacernos entender a los adolescentes y jóvenes. En ocasiones parece que hablemos distintos idiomas; pero lo cierto es que estamos en distinto contexto  y éste también es un elemento de la comunicación. Sabemos por la teoría de la comunicación que comunicarse no es sólo una cuestión del mensaje que un emisor transmite  a un receptor, sino que influyen en el resultado de la comunicación, otros elementos como son el ruido y el contexto.

Como metáfora del ruido en la comunicación, para explicar un poco la dificultad de entendimiento con los adolescentes y jóvenes encontramos la evidencia de este pasado fin de semana donde hemos podido ver a cientos de jóvenes sin guardar la distancia, muchos sin mascarillas, hasta la madrugada, que manifiesta falta de consciencia respecto a la situación. La calle y la madrugada son el espacio y el tiempo propio de los jóvenes. Y las autoridades se lo habían arrebatado.

Entendemos que, desde el punto de vista sociológico, es una cuestión de identidad juvenil; pero estamos en una situación de pandemia donde la salud de todos está en juego. Desde el punto de vista pedagógico, parece más una cuestión de valores, como la responsabilidad y la empatía. En estos casos de crisis social, más que nunca, hace falta pedagogía.

Por otro lado, como metáfora del contexto, hemos de asumir que los niños y adolescentes han sido educados en el autoconcepto alto, con un nivel de frustración bajo; se creen todopoderosos: se lo hemos dado todo, lo que han pedido, y hasta sin pedirlo; en general, lo tienen todo, con poco esfuerzo. La ausencia de límites en los procesos educativos en familia tiene consecuencias sociales no sólo familiares.

Hemos visto, este fin de semana,  aglomeraciones de jóvenes, porque ha terminado el estado de alarma; pero recordemos algunos episodios de fiestas clandestinas  que han sido detectadas por la policía cuando todavía había Estado  de Alarma; generalizar siempre es injusto.

No obstante, podemos  pensar que quizá los jóvenes han estado sujetos por el miedo a una multa, pero no por el valor del cuidado de la salud y de la convivencia. Hay que seguir insistiendo, en la escuela y en casa, en este principio pedagógico: a la educación no le interesa que un niño o un adolescente tenga un comportamiento porque está mandado (por ejemplo, que no haga botellona), sino que comprenda y asuma el valor de las normas que regulan el bien común.

La educación no regula la conducta por mandato o imposición externa, sino porque ofrece explicación y sentido de lo que es necesario, en cada momento, para la convivencia.

Sobre el autor:
Francisco González Lozano. Pedagogo, orientador y colaborador de Educando Seguro.